A veces esto sumado al bombardeo de información que tenemos por parte de
la televisión y diversos medios tecnológicos, puede generar una sensación al
menos confusa y con derivaciones que aún desconocemos desde el punto de
vista físico y psíquico en cada uno de nosotros.
Sin embargo, también las personas tenemos como una especie de instinto de
conservación de la vida. Podríamos pensar que una emoción que ayuda a ese
instinto es la esperanza, esperanza basada en datos concretos, como por
ejemplo que es posible que se llegue a descubrir la vacuna para la cura de la
enfermedad.
Esperanza, ya que Argentina fue elegida para probar dos proyectos
provenientes de los laboratorios Pfizer y BioNTech, a principios de agosto del
corriente año. Estos proyectos se encuentran avanzados en lo que se denomina
Fase 3; o sea, casi en el final para que puedan ser producidas masivamente.
Esperanza porque fuimos el país elegido, aparte de Estados Unidos y
Alemania. Entonces puede surgir al menos una pregunta ¿Por qué nos
eligieron? Y la respuesta es que el país fue seleccionado porque su tradición
de investigación clínica en virus respiratorios es respetada internacionalmente,
sus recursos humanos realizan aportes de primer nivel y porque su capacidad
operativa está bien asentada.
Esperanza por que como dice Mario Lozano (virólogo molecular del Conicet
y ex rector de la Universidad Nacional de Quilmes) …” las naciones que
participan en el desarrollo suelen tener sus privilegios al momento de la
distribución inicial”.
Esperanza porque si algo demostramos los argentinos es la inmensa
solidaridad que tenemos en tiempos difíciles, y porque además tenemos
personas con responsabilidad de gobierno que privilegia la salud, la educación
y la ciencia. Hablamos de tener un Ministerio de Salud, un Ministerio de
Desarrollo Social, un Ministerio de Educación y el CONICET. Todos
vinculados y trabajando de manera colaborativa.
Esperanza porque la experiencia que estamos atravesando, por cierto
dolorosa, nos permitió también valorar lo que tenemos hoy, aquí y ahora. E
incluso pueda permitirnos soñar con un mundo nuevo y con un bien vivir.
El desafío está planteado, dependerá de cómo actuemos ante ésta nueva
realidad a la que muchos llaman “nueva normalidad”.


