Esta sigla, cuyo significado es Aislamiento Social Preventivo y
Obligatorio, se instalo en nuestras vidas como una estrategia para detener el avance del enemigo
invisible, llamado coronavirus.
Y nunca pensamos en el verdadero significado de esas palabras,
sin embargo hoy a 90 días de cuarentena, comenzamos a sentirlo. Empezamos a modificar hábitos, a
incluir otros. Algunas casas se llenaron de habitantes durante todo el día, la mesa completa se repite en
el almuerzo y en la cena, aparecieron charlas pendientes, y las tareas escolares revolucionaron muchos
hogares. Y hubo dos grandes elementos que se manifestaron mucho: la tecnología y las emociones.
Todos debimos aggiornarnos a las nuevas tecnologías y aplicaciones
para trabajar, para estudiar, para comprar, para solicitar recetas de medicación, pero sobre todo para
poder comunicarnos con nuestros afectos y nuestros vínculos.
Con todo este torbellino de situaciones, afloran nuestras
emociones: el miedo, la felicidad, la tristeza, el asco, el enfado, la sorpresa, y cada uno de nosotros es
atravesado por ellas: bebes, niños, adolescentes, jóvenes, mayores, adultos, y en este aislamiento el
tiempo es un gran impulsor para que ellas se manifiesten.
Y muchos reflexionamos sobre lo que hicimos o no cuando teníamos
“todo el tiempo”
No te pude abrazar…
Siempre pensé que estarías allí.
Que cada vez que te necesitara siempre estarías allí
Porque la vida es hoy
Y yo solo pensaba en mañana.
Porque siempre pensé que estarías allí…
Hoy hasta el ruido del mar se detuvo.
Las calles están vacías.
Y siempre pensé que estarías allí…
Rodeada de instrumentos que me ayudan,
quiero abrazarte.
Pedirte que me des más.
Siempre pensé que estarías allí…
Te veo alejarte mientras cierro mis ojos
Pensando que el tiempo…
Siempre estaría allí.
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